Ya había conseguido a mis mejores amigas en sexto y séptimo de bachillerato, logramos hacer una amistad de la cual estaré orgullosa toda la vida. Éramos 5, pero en el fondo siempre fuimos 3, Silvia Melissa y Toya eran unas chicas incondicionales, geniales, participaron de nosotras tanto como nosotras de ellas y sus vidas estuvieron en nuestras vidas. Pero cuando llegó el momento de separarnos al entrar a décimo grado pues yo me tenía que retirar de ese colegio por motivos económicos y entrar a uno oficial; y cuando Ana María tuvo que dejarlas, al entrar a once grado, el último año, para seguir sus inclinaciones vocacionales tuvimos nuestra “separación de 5”. “De 3” no la hubo, porque aún hoy, cuando Ana María está en Bogotá estudiando y yo lo hago acá en Bucaramanga con Melissa Andrea, estamos unidas muy estrechamente, en un trío inseparable. Estuvimos las tres en la coral del colegio, esa fue una de las primeras excusas, luego empezamos a hacernos en común para los grupos de trabajo, estudiábamos, compartíamos ideales y además llegamos a tener nuestro grupo musical, “The try of three”.

También pertenecimos a la emisora del colegio, fue nuestro primer intento de locutoras, hicimos un trato con la profesora de español, en el cual nosotras le colaboraríamos por un tiempo con la emisora, mientras se formaban otros grupos de niñas que quisieran presentarla, pero al fin no se formaron y nos quedamos ese año, en séptimo, con la emisora, poniendo música allá en el salón de arriba todos los descansos.

El día mundial de la paz, por supuesto lo celebraríamos en nuestro colegio, por ser un colegio católico, de Hermanas y entonces la emisora haría un especial con música, no actual, sino clásica acorde a la ocasión. Entonces me puse a buscar en los discos. Había recordado que hacía poco mi tía le había enviado a mi madre un CD, grabado por ella misma, por supuesto en el computador, al que le puso como nombre; “Para la mejor Hermana del Mundo, Nuestros Años Mozos”, empezaba con “Yesterday”, estaba “Eternal Flame”, “You´ve got a friend”, “Angie”, “Total Eclipse of the heart”, “Killing me softly”, y otro montón de baladas americanas, que le gustaron al escogerlas como regalo para nosotros. Estaba allí también “Imagine” de John Lennon; y recordé cuando mi papá y mi mamá me dijeron que ese era el himno por la paz, la canción de la paz.

Por eso lo llevé a la emisora. Cuál sería mi sorpresa después de que pusimos el disco, casi cuando la canción iba en la mitad, subió el profesor de educación religiosa, a decirnos, que teníamos que quitar el disco -“¡ya mismo!”-, porque -“esa canción tenía mensajes subliminales y que teníamos que creerle, que eso era satánico”-, el dijo, -“¡Yo tengo los videos, con las pruebas!”.-… Uy no. ¡Que intolerancia!... Pasó por mi cabeza y lo único que pude responder fue, -“Profe, si es que eso que suena es la canción de la Paz, y hoy es el día…”- y el continuó: -“Que no… tienen que quitar el disco amigas, porque nadie lo puede escuchar, es malo y está muy mal visto, que lo pongan en un colegio religioso, católico”- Yo estaba medio atolondrada, diciendo, -¡Pero en donde están esos mensajes, ¿cuándo me los vas a poner para demostrármelo?!- A lo que él dijo, -¡la otra semana, los traigo y se los demuestro!. Entonces, Ana entró, -¡quítalo no podemos hacer nada!-, y yo dije, -¡quítalo tú Melissa, yo no lo haré!- y ella lo quitó. Quedó cortado, a medias. Eso fue una decepción para mí, pero yo estaba con ellas, nada malo podía pasar cuando estábamos juntas, no teníamos porque preocuparnos, nosotras si éramos tolerantes y respetamos la decisión del profesor. Algunas veces a uno le toca decir… Let it be.

Ese año, preparamos una obra teatral para el salón, con otra niña, Nathalia, los ensayos de las 4, fueron de lujo, una obra perfecta para el Centro Literario de final de año, Se llamaba “La Loca”, si… yo era la loca, las otras 3 tenían que ser empresarias, y yo dañaba el negocio de una de ellas y de su empleada por entregarle una información confidencial a la otra (claro, en la obra). Nos hicimos mucho más amigas en ese tiempo, amigas de verdad, era como un juego pero estábamos en constante crecimiento personal, queríamos que cada una desarrollara su talento individualmente, por ejemplo, creo que nunca nos inmiscuimos en cosas como “copiarnos las evaluaciones, por la hermandad”, lo máximo que hicimos fue prestarnos las tareas, pero eso pasaba no tan a menudo, porque el crecimiento nos llevó a una competencia realmente sana y entonces siempre nos iba bien a las tres.

Claro que hicimos un pacto, con un cabello de cada una, los unimos todos, para que nunca se disolviera nuestra amistad, pero al momento nos arrepentimos y botamos los pelos e hicimos una oración, a pesar de las locuras, siempre fuimos y somos sinceras, no sería necesario unirnos a la fuerza.